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Nuestra vida
Dijo el
Maestro Dogen:
Esas
pequeñas frases son la piedra fundamental de toda la enseñanza Zen,
la esencia del budismo. Estudiar la Vía del Buda.
Pero, ¿qué
significa estudiar la Vía del Buda?
Y, ¿qué
significa Buda? No nos referimos ahora al Buda Shakyamuni, esa persona
que vivió hace tiempo en otras tierras. Buda significa despierto,
despertar, iluminado. Es un estado de conciencia.
Seguir
la Vía del Buda es mirar en la propia naturaleza.
En
esencia todos somos Buda.
Y él se
preguntaba: “¿Por qué, si todos los seres tenemos naturaleza de
Buda, tenemos que practicar?”
Todos
los seres, es decir: seres humanos, animales, plantas, peces, aves,
montañas, ríos... todos tienen naturaleza de Buda. Y por qué, se
preguntaba el maestro Dogen, si todos tenemos naturaleza de Buda. ¿Por
qué tenemos que practicar, si ya lo somos?
Ese
problema rondaba en su cabeza, y por más que aplicaba su cuerpo y su
mente en la práctica de zazen no lograba resolver este koan, este
intríngulis.
Tiempo
después, dejaría por escrito su comprensión. Y en ella
modificó esa frase que dice:
Esta
comprensión es muy clara. Ya somos –aquí y ahora-
naturaleza de Buda. No después, en algún futuro más o menos lejano.
Porque
cuando se habla de estudiar la Vía del Buda, no se trata de leer o
aprender de memoria, se trata de observar, de mirar en nuestra propia
naturaleza. Y si aquí-ahora, mentón recogido, espalda derecha,
hombros sueltos, respiración calma, miramos en nuestra propia
naturaleza, comprenderemos qué somos.
Aquí -
ahora y sin excepción somos naturaleza de Buda.
Es por
eso que Jesús, cuando le preguntaron “Quién eres tú”, él
respondió: “Soy el que está siendo.”
De
modo que tú, aquí-ahora, estás siendo naturaleza de Buda.
Pero
para comprenderlo cabalmente con todo tu ser, tu mente, tu espíritu,
tu corazón, tu cuerpo, tus entrañas, tu médula, tienes que sentarte
quietamente y abandonarlo todo. Simplemente sentarte en la postura
correcta y abandonar todo completamente, como abandonas el aire en
cada exhalación.
De modo
que estudiar la Vía del Buda, es estudiarse a uno mismo; es decir,
observarse a uno mismo. Porque no es estudiando en los libros o
leyendo los Sutras, o conociendo la vida de Shakyamuni Buda o
investigando en Google, que vamos a obtener algo. De ese modo no
llegaremos a ninguna parte o, en todo caso, tendremos sólo un
concepto intelectual.
Estudiar
la Vía del Buda es observarse a uno mismo.
Y ¿cómo
vamos a observarnos, cómo estudiar esto que está cambiando todo el
tiempo, que fluye, fluye, fluye y es impermanente?
“Yo
soy el que está siendo ahora”.
Es por
eso que el maestro Dogen agregó:
Pedro
llega, entra a zazen y se sienta en la postura correcta junto a los
otros, junto a María, junto a Teresa, junto a Roberto. Juntos. Se
deja penetrar por la atmósfera de zazen. Pedro observa su cuerpo, su
respiración, deja pasar sus pensamientos y, en un instante, se olvida
de sí mismo.
La
respiración fluye por sí misma, el corazón late por sí mismo, la
sangre fluye en las venas por sí misma, el sol, la montaña, los ríos,
el mar fluyen, fluyen, fluyen…
Y en
este olvidarse de sí mismo aparece la certificación de todo el
Universo.
Esa
misma respiración, ese mismo aire que ahora fluye en tus pulmones, es
el mismo aire que respira la tierra y el cielo; que respiran todos los
seres: los pájaros, los caballos, las vacas, las montañas. Todos
comparten el mismo aire, todos se sientan y caminan sobre la misma
tierra. No hay separación.
La
separación comienza cuando uno se olvida que es naturaleza de Buda.
Entonces empiezan los tironeos del ego. Uno se distrae, se enreda en
sus pensamientos y es así como se cometen los errores. A veces son
pequeños errores tontos, pero pequeños errores tontos pueden
traernos problemas y conducirnos a grandes sufrimientos.
Anoche,
en el baño, el agua quedó corriendo. La escuchábamos desde la cabaña,
hasta que fuimos a cortarla. La manecilla del inodoro había quedado
trabada y el agua corría y corría. Eso significa que la persona que
estuvo ahí estaba enredada en las cuestiones de su ego y no estuvo
atenta.
Pero si
estamos aquí podemos aprovechar la oportunidad para corregirnos a
nosotros mismos, observarnos a nosotros mismos, olvidarnos de nosotros
mismos. Por ejemplo, no retirarse del toillette hasta que el inodoro
haya recargado completamente, no dejar luces encendidas sin necesidad.
Al
finalizar el samu encontré, tirado en el suelo, un martillo. Si se
está atento no se cometen errores. Si se está atento se puede seguir
la Vía del Buda con facilidad. Pero si uno está desatento, hay que
darse cuenta y corregir. Porque siguiendo la vía personal, uno se
aleja cada vez más y más y más de éste que está siendo ahora. Y
va entrando en el mundo de los sueños, de las ilusiones, de las
fantasías, del sufrimiento.
Pero
zazen nos da la oportunidad de retornar al hogar, de volver a ponernos
en contacto con éste que está siendo aquí-ahora.
La mayoría
de las veces, uno hace la tarea que hace lo más rápido posible...
para después tener tiempo para ir a entretenerse con Internet. O en
todo caso procura hacerla bien, porque piensa: “Si la hago
bien me van a pagar más”. Ese tipo de cosas nos aleja de nosotros
mismos. Perdemos contacto.
Todos
los detalles de una Sesshin, los detalles de nuestra práctica, nos guían
para que podamos seguir el camino, la Vía del Buda, para ser
Espíritu de Buda. Entonces, naturalmente, limpiamos lo que está
sucio y lo que está limpio. Pero también limpiamos lo que no está
ni sucio ni limpio. Con espíritu Mushotoku, sin buscar ningún
provecho o resultado.
De modo
que estudiar la Vía del Buda, estudiarse a uno mismo, olvidarse de
uno mismo... no es ninguna otra cosa que la acción correcta en el
momento. Y la acción es correcta cuando tú estás ahí
completamente: cuerpo, mente, espíritu, huesos, médula.
Si estás
ahí, entonces no cometes errores, no tienes lagunas, no pierdes las
cosas, no te pierdes a ti mismo.
Perderse
a uno mismo es, infelizmente, lo que todos hacemos. Corremos detrás
de alguna ilusión, tratamos de escaparnos de lo que nos desagrada.
Dejar de
perseguir, dejar de escapar y quedarse completamente aquí es
observarse uno mismo, olvidarse de uno mismo.
Y esta
es toda la enseñanza. Así de simple.
El otro
día, alguien estaba picando unas verduras. Yo me puse a su lado y lo
observé trabajar. Él me dijo: “Estoy aprendiendo”. Esto
significa que cuando uno está atento, aprende. Cuando uno es acción
justa -olvidado totalmente de sí mismo- entonces la verdura, el
cuchillo, la mano, la mente, el corazón... todo es unidad.
Entonces
es fácil.
Teisho
2
Esta es
la historia de un hombre de unos 50 años, que era gerente de ventas
en una gran empresa. Él siempre decía: “En esta empresa yo comencé
de jovencito, de cadete, repartía la correspondencia por los
escritorios y servía el café. Después trabajé en expedición,
después estuve en distintos departamentos y ahora estoy aquí.”
Con
distintas variantes, esa es nuestra vida.
Pero, ¿es
ésa nuestra vida? ¿Por dónde pasa?
Hay
un poema del Maestro Dogen que dice:
Esa es
nuestra vida. Nacemos del gran océano y volvemos al océano.
Y sin
embargo, en la brevedad de ese tiempo, la luz brilla en nosotros.
El común
de las personas piensa que tiene que hacerse de una carrera,
progresar, tener una familia, tener muchos hijos, nietos, crear una
empresa, acumular bienes... pero de ese modo, por más que vivamos 100
años ó más, siempre estaremos rodeados de insatisfacción, de
angustia y ansiedad.
Y será
así mientras no comprendamos cabalmente el verdadero sentido de
nuestra existencia -aquí ahora- en este mundo.
Aquí
ahora, ¿cómo explicar nuestra vida?
No tiene explicación.
El
Maestro Dogen dejó muy claramente para nosotros esta enseñanza:
“Práctica
y Realización son uno”.
Sin práctica no hay
realización. Sin práctica podremos ir y venir, subir y bajar,
hacernos ricos, volvernos unos sabihondos, acumular una inmensa
biblioteca en nuestro cerebro; pero la vida continuará dentro del
dolor y la angustia.
Aún
dentro del dolor y la angustia esa luz está ahí.
Pero no
podemos verla, no podemos apreciarla porque estamos ocupados siguiendo
una escala de valores creada por nuestra mente. Pensando que estamos
subiendo los peldaños, y que si no podemos subir, entonces estamos
estancados, o en peor de los casos, retrocedemos: ¡horror!
El
Maestro Dogen dice que para comprender cuál es el verdadero sentido
de nuestra existencia, tenemos que observarnos a nosotros mismos,
olvidarnos de nosotros mismos…
Fluye la
postura, fluye la respiración, fluye
la mente ahora.
A veces
hay muchos pensamientos, se amontonan, se potencian, forman nudos,
remolinos.
Los
maestros muchas veces compararon el mundo de la mente con el agua.
Sentándonos
en la postura correcta, estableciendo una respiración calma y
profunda, las aguas de la mente se
aquietan. Entonces esa luz que siempre está ahí, ese reflejo
de la luna, brilla en toda su potencia sobre nosotros.
Alguien
dijo alguna vez que “La vida es esa cosa que pasa sobre nuestras
cabezas mientras estamos ocupados haciendo otra cosa.”
Así es
en la mayoría de los casos. De este modo nos perdemos este instante,
nos perdemos de vivir. Vivimos en el mundo de la mente, el mundo
creado por nuestras ideas, fantasías, ilusiones, deseos y temores.
El mismo
acto de sentarse, es clarificar la mente. Práctica y realización son
unidad.
Cuando
nos iniciamos en zazen nos transmiten la postura, los gestos, los
movimientos necesarios dentro de la práctica: Gasshó, la forma de
las manos en kinhin, en zazen; la forma de caminar, de sentarnos, las
prosternaciones... todas estas formas no constituyen una estética, no
son solamente parte de
una tradición.
Las
formas de la práctica son la práctica misma. Porque la forma es la
esencia, y la esencia es la forma.
El mundo
de la mente es muy volátil, muy rápido, inatrapable.
Cuando
uno comienza la práctica de zazen, puede considerar estos movimientos
y gestos, opresivos y limitantes. Pero si continúa con la práctica,
yendo más allá, encuentra que esto finalmente nos libera.
Sentándose
bien derecho sobre el zafu, con las piernas cruzadas, el mentón
recogido, sueltos los hombros, tranquila la mirada, relajado el
rostro, suave y profunda la respiración, fluida la mente... el cuerpo
y el espíritu se vuelven uno, práctica y realización se vuelven
uno, forma y esencia se vuelven uno.
Nadie
está diciendo que es un pecado hacer progresos laborales, sociales o
hacer una carrera. Pero es importante no perder el punto esencial, el
motivo esencial de nuestra presencia aquí ahora. Y eso sólo puede
ser visto a través de estudiarse a sí mismo, observarse a sí mismo,
olvidarse de sí mismo. Y esto que se dice en tres tiempos, no son
tres tiempos, sino que va todo junto.
Estudiarse
es observarse y observarse es olvidarse.
En
realidad se trata de una sola cosa, que puede sintetizarse en: ¡Sentarse!
Sólo sentarse.
Es por
eso que en medio de este siglo XXI, con la agitada vida de las grandes
ciudades y del mundo, estas Sesshines y la práctica de zazen en
general, son muy importantes.
Debemos
sentirnos agradecidos... a los ancestros, a los maestros, al Buda, el
habernos legado esta enseñanza. Porque esta enseñanza es la que nos
posibilita que podamos alcanzar el verdadero sentido de nuestra
existencia.
¿Cómo
explicarlo?
Si
quieres explicárselo a alguien, muéstrale la postura de zazen.
Sólo siéntate,
y encontrarás la respuesta a todas tus preguntas.
Teisho 3
Calma,
calma.
Si te
calmas, entonces las tensiones desaparecen y el dolor se diluye. No
necesitarás moverte.
El
movimiento nace en tu cabeza. Con tu mente pones valor agregado a tu
malestar de rodillas o espalda y lo incrementas. Entonces surge el
miedo: te mueves porque tienes miedo. Porque mientras te mueves eres
alguien, existes, te están pasando cosas.
Pero si
solamente te dejas ir con esta exhalación, las tensiones desaparecen,
la mente se aquieta, llega la calma y natural y automáticamente te
integras y te disuelves en este instante. Aquí-ahora, te vuelves
parte viva de este instante.
Pero
la mente dice: “Yo estoy sufriendo, a mí me duele. No entiendo lo
que me estás diciendo”.
Luchas
contigo mismo y así entras en la cueva del demonio negro, te
inquietas, caes en el infierno.
¡Suéltalo
ahora! ¡Inténtalo! No hay realmente nada que defender. No vas a
perderte ni desintegrarte en la nada si le dices a tu ego que se
calme, si lo dejas ir.
Esto que
estás viviendo ahora es natural. Todo aquél que transita la Vía lo
vive.
Y
entonces pudo legar para nosotros su gran enseñanza.
“Abandonando,
tornándose completo”.
Exactamente
así. Él no dice que hay que abandonarse primero y que, cuando uno se
abandona, se torna completo. No, él está diciendo que abandonar es
tornarse completo, porque tornarse completo es abandonarse.
Y eso lo
puedes hacer aquí, ahora mismo... ¡Suéltalo! ¿Qué estás
defendiendo, qué estás
reteniendo, por qué te estás peleando contigo, qué quieres
demostrar?
Así
como estás, estás perfectamente bien, pero tienes que comprender. Ahí
entre tus manos, en el hara, está todo lo que estás buscando. Es el
corazón mismo de la verdad. Ahí nace y termina el ritmo de la
respiración, suéltalo, abandona completamente.
No te
demores en seguir tus ideas, tus fantasías, tus ilusiones, déjalas
ir. Retorna al hogar, retorna a tu verdadero centro. Presta atención
a lo que está ocurriendo ahora en tu entorno. Te crees el ombligo del
mundo y que todo lo que pasa te está pasando a ti.
Y sin
embargo, si puedes soltar, el huevo del egoísmo se disuelve por sí
mismo.
La mañana
está luminosa, el mar a lo lejos está calmo, unos perros ladran, el
aire fluye en cada respiración... abandonando, tornándose completo.
¡Suéltalo!
Empieza
por el cuerpo, siente su respiración, el latir del corazón. ¡Estás
vivo! Todo en ti está gritando: ¡Naturaleza de Buda!
Y esta
Naturaleza de Buda está en todas las cosas, en todos los seres... el
mar, el cielo, la montaña, el bosque.
Quédate
aquí un instante, abandona, suéltalo.
Todo es,
sin excepción, naturaleza de Buda.
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